Relatos Eroticos.
Relatos.Name - Relato erotico - .
Menu:

  • Inicio.
  • Enlaces:

  • Abuelas Petardas
  • Negras y Mulatas
  • Fotos Amaters
  • Gay, Trans & Bisex
  • Brasileiras
  • Buscador Porno
  • El CarruXel Erotico
  • Casadas Infieles
  • Fotos Gratis
  • Dominacion y Sado
  • Felacion y Supermamadas
  • Fotos Pornograficas
  • Mexicanas Desnudas
  • Contactos de Sexo
  • Anuncios Gratis
  • Paginas Porno Gratis
  • Zona de Contactos
  • Hace relativamente poco tiempo, menos de un año, levanté a una chica en la barra de un club al que asisto con regularidad.

    Elizabet, unos años menor que yo pero ya en sus treinta y tantos, divorciada sin hijos, inteligente, de muy buen cuerpo y rostro bello, en fin la pareja perfecta.

    Pero en la cama no era lo que digamos perfecta, se contenía mucho, parecía ser que el sexo no le agradaba mucho que digamos, eso de sexo oral era algo sucio para ella, y nada que hablar del sexo anal, en otras palabras, casi una completa abstemia en lo que se refiere a las relaciones sexuales.

    Pero a pesar de eso, digamos que hicimos buena pareja, y ya al mes nos encontrábamos viviendo juntos en mi apartamento.

    Regularmente salíamos a divertirnos, con amistades en común.

    Pero un día estando en el bar donde nos conocimos, llegó un muy amigo mío, que para mi sorpresa ella ya conocía, apenas lo vio me comentó que el tipo era un sucio, y cuando él me habló de ella me dijo que era una panela de hielo.

    En un tiempo atrás, antes de yo conocerla había salido con ella, al principio todo iba bien pero al mes, desesperado por que aparentemente Elizabet no disfrutaba de las relaciones sexuales, a él se le ocurrió insinuarle que se metiera en la cama con otros tipos mientras que él los observaba, y hasta ahí llego su relación.

    Para Elizabet eso era inconcebible, que él la quisiera ver acostada con otros hombres.

    En realidad unos días antes poco me faltó, para proponérselo un día a mi pareja.

    Por suerte ese día en el bar, ella fue bien clara en su explicación.

    Pero la idea no dejó de rondar mi cabeza, como llegar hacer eso sin que ella decidiera terminar conmigo.

    Tanto pensé en eso que se me ocurrió un pequeño plan, y para eso necesitaba la colaboración de otras personas.

    Para la temporada de nuestras vacaciones, le propuse rentar un pequeño chalet en el campo, el lugar lo yo conozco bastante bien, tiene un lago artificial suficientemente grande como para disfrutar de un paseo en bote, y bañarnos en sus orillas si se nos antojaba, se encuentra bastante retirado de la carretera, por lo que no hay vecinos indiscretos y nos permitiría el andar desnudo la mayor parte del día, cosa que a Elizabet no le agrada mucho.

    En fin planeamos eso con lujo de detalles, hasta pensamos dar una fiesta he invitar algunas de nuestras amistades.

    Los primeros días los disfrutamos enormemente, tras desayunarnos nos íbamos al lago donde nos dábamos un baño, y bajo la sobra de alguno de los árboles cercanos teníamos y tras mucho insistir de parte mía finalmente mantuvimos una relación, pero como de costumbre, yo notaba que Elizabet no dejaba salir todo lo que sentía, era como si tuviera miedo a disfrutar del sexo.

    Pero mi plan básicamente era bien sencillo, mi amigo el mismo que a ella le caía mal, ya saben porque.

    Se puso de acuerdo conmigo en hacerle creer a Elizabet que éramos victima de un asalto, y en consecuencia el pillo tras amarrarme se dedicaba tirar con ella hasta el cansancio.

    En cierto momento hasta me comentó que bien podía decirle a otro conocido nuestro, que por casualidad al igual que nosotros dos, también es tan abierto en las cosas del sexo que hasta disfruta ver a su mujer en brazos de otros hombres, y con gusto y ganas colaboraría con nosotros.

    Ya el domingo en la noche, mientras distraídamente me hacía el que estaba leyendo, Elizabet se dedicó a recoger la ropa, como habíamos pasado la tarde en el pueblo cercano, haciendo compras, ella se encontraba aun vestida, usaba un pantalón corto, y una camiseta.

    Mientras que yo nada más tenía puesto un pantalón corto sin más nada abajo, ya que al llegar me quite la camisa manga corta que estaba usando.

    De momento sin previo aviso escucho a Elizabet pegar un fuerte grito, en ese momento la verdad es que me asusté, pensé que había sufrido un accidente o algo por el estilo.

    Cuando entré en la habitación a ver que le sucedía, me encuentro que un tipo, alto grueso y con un pasamontañas negro la tenía encañonada con un pequeño revolver de cañón corto.

    La mirada de Elizabet era de terror, al verla tan asustada, hasta me comencé arrepentir de lo que había planeado, pero ya era tarde para eso, de seguro sí le llegaba a decir que todo fue planeado por mí, me mandaría al carajo.

    Por lo que decidí, continuar con el plan al pie de la letra.

    Cuando entré en nuestra habitación me quedé viendo fijamente a Elizabet, como procurando calmarla, cuando siento que tras de mí, una persona me pone una cosa dura en la nuca.

    Al voltear a ver, me encuentro con otro enmascarado, que mantiene otro revolver pegado a mi cuello.

    Como parte del plan, el que otra persona participase, esa era una opción que nada más habíamos comentamos, pero no pensé que mi amigo, la fuera a llevar acabo.

    Pero en medio de todo, por dentro me alegré de su iniciativa.

    A punta de pistola, a los dos nos llevaron a la sala del chalet, con voces afectadas mi amigo y su compañero, nos amenazaron con pistolas en mano, que de no colaborar sencillamente nos matarían.

    Tras preguntarnos por el dinero, les indiqué donde se encontraba mi cartera y Elizabet les indicó donde guardaba las pocas prendas que había traído incluyendo un fino reloj que le había regalado al igual que una sortija de compromiso.

    Eso realmente no estaba en el plan, pero la verdad que le dio más credibilidad a todo lo que sucedía en ese instante.

    Ya con el dinero y las prendas, mientras nos tenían sentados en el sofá da la sala, el más bajo de los dos se le quedó viendo a Elizabet detenidamente, y acercándose a la oreja del más alto le comentó algo mientras continuaba apuntándonos con el arma.

    Tras lo cual él se nos acercó, arrancó el cable del teléfono, y me ordenó que pusiera las manos al frente para atarme.

    Yo haciéndome el muy macho, me negué, aun en el momento que me volvió ha apuntar con su arma a mi rostro, mientras que Elizabet me pedía casi llorando que colaborase.

    Pero cuando el más alto colocó su arma en el rostro de Elizabet, accedí sin demora.

    Tras atarme las manos, me ató los pies pero antes me obligó a sentarme en una butaca frente al sofá a la que terminó de asegurarme con el resto del cable.

    Cuando estuve del todo atado, el más pequeño le ordenó a Elizabet que se desnudase, ella toda asustada, sin decir una sola palabra, se levantó y temblando de pies a cabeza, se comenzó a quitar la camiseta.

    Al terminar de hacerlo, sus hermosos senos quedaron parcialmente a la vista de nosotros, apenas contenidos por el pequeño sostén que usaba en ese momento.

    Jamás había visto los senos de mi mujer tan bellos como en esos instantes, por suerte me habían atado las manos al frente y las usaba para ocultar mi recién iniciada parcial erección.

    De inmediato el más alto le ordenó que continuase, a lo que Elizabet completamente avergonzada, dándonos la espalda continuó bajándose el corto pantalón que usaba en ese momento, pero quedándose con un pequeño “G Stren” o sea una panti tipo tanga o hilo dental, que se le enterraba por completo dentro de sus bellas y bien formadas nalgas.

    Yo para seguir dentro del papel de macho, comencé a decirle que no les hiciera caso, cuando el más pequeño hizo como que me daba un golpe por la cabeza con la cacha de su arma.

    Al escuchar mi sobre actuado grito de dolor, con más rapidez Elizabet se desprendió del sostén, y se quitó las pequeñas pantaletas.

    Que con uno de sus pies tiró a un lado, en ese instante todos pudimos apreciar la belleza de su cuerpo totalmente desnudo.

    Mi amigo el más alto de los dos, tomó las dos pequeñas prendas entre sus manos, las olió a través del pasamontañas, y viéndome comentó.

    Ya se como hacer que este mantenga la boca callada.

    Tanto las pantaletas como el sostén los hizo una bola, tras lo cual me ordenó abrir la boca, mientras apuntaba con su arma al desnudo cuerpo de Elizabet.

    Yo haciendo el papel de resignado, la abrí y de inmediato él introdujo las pantis y sostén de mi mujer dentro de mi boca, para luego con una gruesa cinta adhesiva de las grises taparme la boca.

    Ya así me encontraba imposibilitado de decir palabra alguna, aunque siempre podía hacer algún tipo de ruido.

    Al principio me causó algo de nausea, no por el olor ni el sabor que tenía la tela, sino más bien por la manera tan incomoda en que quedaron metidas dentro de mi boca.

    Pero la creciente excitación de ver a Elizabet así desnuda, de esa manera tan indefensa, pronto me hizo olvidar de esa pequeña incomodidad.

    Elizabet se encontraba con sus manos y brazos tratando pudorosamente de tapar su cuerpo, se encontraba de pie acorralada en una esquina de la casa, sin lugar alguno por donde salir corriendo.

    Pero creo que de poder haber tenido la ocasión, de seguro la hubiera dejado pasar por el temor de lo que me pudieran hacer a mí en venganza por ella escaparse.

    Al terminar de sujetar la mordaza en mi boca, mi amigo incorporándose le dijo a Elizabet mientras se comenzaba a sacar una navaja de uno de sus bolsillos.

    Mira nena, “mi pana” (amigo), y yo solo queremos pasar un buen rato, con una putita como tú, así que si colaboras con nosotros te vamos a tratar bien, sino lo mato a él, o peor a un lo castramos como a un cerdo.

    Al decir eso con un rápido movimiento de su mano introdujo su navaja por entre mi pantalón y de un jalón lo cortó completamente dejándome con todo al aire.

    Del susto mi verga se redujo a su tamaño más pequeño, ya que no contaba con eso y la manera en que lo hizo me pareció que casi me corta las bolas.

    Elizabet se llevó las manos a la boca con la intención de acallar su propio grito.

    Al ver que realmente no me había pasado nada, ella se tranquilizó.

    Pero mi invitado no, se le acercó y tomándola por el brazo, le dijo.

    Así que ya sabes, o lo haces a la buena y lo disfrutas o lo jodemos a él.

    Elizabet me vio con rostro de no saber que hacer, hasta que de manera resignada bajó su cara y dijo, que es lo que ellos deseaban que ella hiciera.

    En ese momento me sentí el ser más feliz del mundo, por muchas razones, ella me amaba tanto que estaba dispuesta dejar que le hicieran cualquier cosa, con el fin de que a mí no me pasara nada, aparte de que me daría tremendo gusto al verla acostarse con otros hombres y finalmente que ella lo disfrutase de verdad.

    El más grande soltándose la hebilla del pantalón y luego bajándoselo hasta sus rodillas le dijo.

    Primero lo primero, quiero que me le des una buena mamada, pero con cuidado y no me muerdas o mi compañero mata a tu marido, y pon cara de que te gusta hacerlo de lo contrario él paga las consecuencias.

    Elizabet se secó algunas lágrimas que le corrían por el rostro, y fingiendo una sonrisa se arrodilló frente a él.

    Con nada más tocar la verga de mi amigo con sus finos dedos, se le puso dura y bien parada en cosa de segundos.

    Cerrado los ojos Elizabet comenzó a pasar su lengüita por sobre el glande de él, y a los pocos momentos se comenzó a tragar toda la pieza.

    La cabeza de mi mujer subía y bajaba mientras que su boca chupaba de manera insistente el miembro de mi amigo, fue cuando el más pequeño, mi otro amigo tomó una de las manos de ella y se la colocó directamente dentro del coño de Elizabet, mientras que él al principio, hizo que ella se frotase su propia vulva con sus dedos, a los pocos instantes ella ya lo hacía sola.

    Yo mientras tanto disfrutaba de todo lo que podía ver, cómodamente sentado.

    A los pocos segundos el más pequeño le hizo señas al más alto y este sacó su erecto miembro de la boca de mi mujer.

    Y se colocó a las espaldas de ella, mientras el pequeño sacó su miembro y sin mucho cuidado se lo introdujo en la boca a Elizabet que se dispuso a seguir chupa que chupa.

    A todas estas ya mi verga se encontraba bastante erecta, y mientras observaba como ella le mamaba la verga al más pequeño, el más alto la ayudó a parcialmente a levantarse, quedando Elizabet inclinada hacía el frente, mientras ella aun continuaba acariciando su coño íntimamente con sus dedos.

    Con calma la hizo levantar su pierna derecha, y pude ver con toda claridad, como que casi lo estaban haciendo sobre mí, como mi amigo procedía a enterrar su verga dentro del coño de mi mujer, lentamente observé como su glande se abría paso entre los labios vaginales de Elizabet, y ella continuaba apretándose su clítoris intensamente con sus dedos índice y pulgar.

    No se realmente que fue lo que sentí al ver eso de manera tan de cerca, ya como les dije Elizabet no era muy dada a expresar placer cuando mantenía sexo, jamás me había mamado la verga a mí.

    Pero en ese momento por lo que pude apreciar, lo estaba haciendo de maravilla.

    En su boca entraba y salía el miembro del otro amigo mío el más bajo de estatura, su boca succionaba una y otra vez ese pedazo de carne con insistencia, él la tenía agarrada por su abundante cabellera rojiza natural, y con sus manos dirigía la cabeza de mi mujer mientras ella se lo mamaba a él.

    Elizabet al principio mantuvo sus ojos cerrados, pero en cierto momento los abrió, y de cuando en cuando se detenía ha observar brevemente, la verga que ya estaba mamando de manera más gustosa.

    En más de una ocasión me sentí incomodo, por encontrarme atado y no poder sumarme al grupo.

    Pero era parte de la diversión, lo importante era que Elizabet se soltase, y por lo que podía ver estaba dando resultado.

    Ella movía sus caderas con energía, de manera tal que nunca lo había hecho conmigo antes.

    Al poco rato al amigo mío que se la estaba mamando se vino dentro de su boca, vi como su semen corría por los labios de Elizabet, y ella lejos de mostrar desagrado con su propia lengua se relamía los labios de manera seguida.

    Al sacar él su verga de la boca de Elizabet, la comencé a escuchar gimiendo de placer, como vuelvo y repito hasta esos momentos nunca la había escuchado hacerlo.

    Lo más que me sorprendió fue el escuchar de sus labios decir.

    Dame más duro carajo.

    Mi amigo no se quedaba atrás le decía.

    Tienes ese coño más caliente que un horno de panadería, que divina estas, y ve preparando el culito que luego te lo vamos a comer.

    Yo la miraba extasiado, y en cierto momento al levantar su rostro y verme a la cara, noté una sonrisa de completa satisfacción por lo que estaba pasando en ese instante, en que el otro de mis amigos le enterraba su verga una y otra vez por el coño de ella.

    Elizabet movía con mayor fuerza sus caderas, hasta que debió alcanzar un orgasmo, primera vez en el tiempo que llevábamos compartiendo juntos que a ciencia cierta estaba más que seguro que ella realmente disfrutaba de esa relación.

    Eventualmente mi amigo se vino pero creo que para ser un poco más teatral sacó su verga del mojado coño de Elizabet, y chorreo todo su semen sobre sus nalgas.

    Al incorporarse Elizabet, volvió a comportarse de manera pudorosa tapándose con sus manos y brazos, su coño y senos.

    No dejaba de ver el suelo, mientras que yo trataba de ocultar mi erección con mis manos.

    Pensé que ellos se retirarían en ese momento, pero no fue así.

    El más pequeño se quejó de que ella nada más se la había mamado, a lo que el otro le respondió, bueno si tu quieres darle por el culo, es toda tuya.

    En ese momento el rostro de Elizabet reflejo que estaba asustada, nosotros nunca antes lo habíamos hecho de esa manera.

    Pero el pequeño continuó diciendo, deja que la lleva al baño para que se lo lave, que luego me lo voy a comer de manera tal, que no le van a quedar ganas nunca más de que le vuelvan a dar por el coño.

    Elizabet comenzó a protestar, y yo por seguir el teatro comencé hacer ruidos con mi boca y actuar como si tratase de desatarme.

    Sin decir nada mi amigo hizo un disparo, que dio en la pared a poco menos de un metro de mi persona, la verdad que no lo esperaba, y no se sí fue el ruido o que pero me asusté de tal manera que por poco creo que me cago.

    Elizabet abrió sus ojos, pero se quedó callada, cuando el más pequeño la tomo del brazo se dejó llevar al baño sin decir una sola palabra.

    Luego me enteré tanto por ella como por mi amigo que la metió en la ducha y la hizo lavarse bien las nalgas y el hueco del culo, él personalmente se lo enjabonó con sus dedos, y hasta se los comenzó a introducir uno a uno lleno de jabón con el fin de ir dilatando su pequeño esfínter, al tiempo que con la otra mano le acariciaba los senos y se los lamía con su boca subiéndose el pasamontañas hasta su nariz.

    Mi amigo el más alto aprovechó ese corto momento, que me quedé a solas con mi amigo el más alto, para decirme riéndose.

    De seguro después de esta noche vas a tener que buscar quien me ayudase a calmar a Elizabet.

    Cuando Elizabet y el más pequeño regresaron del baño, Elizabet ya caminaba más suelta, no se tapaba con las manos y cuando él le ordenó que se acostase boca abajo lo hizo como si fuera la cosa más natural del mundo.

    Yo mientras tanto los seguí observando, él trajo del baño una crema y con ella comenzó a meter nuevamente los dedos en el culo de mi mujer, Elizabet al principio se comportó algo seria, pero en el instante que él con su otra mano comenzó acariciarle el coño, Elizabet rápidamente se volvió a soltar.

    Una de las cosas que más me agradó ver fue que él levantando su pasa montañas a la altura de la nariz, comenzó a pasar su lengua por entre las nalgas de ella, y como Elizabet reaccionaba ante eso, él con ambas manos luego le agarró las nalgas de ella y enterraba su rostro entre el culo de mi mujer, se lo lamía de manera que me hubiera gustado a mi hacérselo por las buenas, aparte de pasar su lengua por sobre el esfínter de Elizabet sus lamidas llegaban hasta dentro del coño de ella, provocando que Elizabet moviera sus caderas como buscando sentir más de eso que le estaban haciendo en ese instante.

    Mi otro amigo, luego de ir al baño regresó sin su pantalón puesto, y con su verga entre las manos.

    Sin hacer mucho esfuerzo, al colocárselo frente al rostro de Elizabet, ella lo tomó entre sus dedos y con su lengua comenzó a pasarla sobre el glande de mi amigo el más alto.

    A todas estas yo volví a tener mi verga más erecta que nunca, mientras a pesar de encontrarme atado, comencé a medio masturbarme lentamente, pero por temor a venirme encima y que ella se diera cuenta dejé de hacerlo.

    Elizabet dio un pequeño chillido, cuando el otro de mis amigos comenzó a penetrarla por el culo.

    Ella no se detuvo y continuó moviendo su culo restregándolo con fuerza contra el cuerpo del más bajito.

    En medio de eso, al que ella se lo estaba mamando de manera tan sabrosa, sacó su verga de la boca de mi mujer, el más pequeño sujetándola con fuerza por las caderas a Elizabet hizo que ella quedase sobre el cuerpo de él.

    En ese instante, el otro tras abrir las piernas de Elizabet introdujo su verga dentro del coño de ella.

    Para mi fue lo máximo el ver como mi mujer era jodida por dos tíos a la vez y que en medio de todo ella lo disfrutaba de verdad verdad, lo digo por que cuando volvió a tener su boca libre, la escuche exclamar cosas que en mi vida pensé que ella diría de manera conciente.

    Sus orgasmos fueron bastante sonoros, podía ver como las venas de su cuello se habían hinchado, su piel sobre todo en su área vaginal se encontraba más rozada que de costumbre.

    En fin no me podía venir luego con el cuento de que había estado fingiendo, la verdad es que lo disfrutó por completo.

    Al ellos acabar, y dejar a Elizabet acostada sobre el sofá de la sala, hicieron un pequeño teatro, dijeron haber escuchado un auto y apenas recogieron sus armas y ropa, mientras que salían corriendo como alma que lleva el diablo.

    Los supuestos ladrones habían dejado abanado el dinero y las prendas.

    Al poco rato, Elizabet se levantó del sofá, y mientras comenzaba a llorar me desató.

    Apenas pude sacar sus pantaletas y sostén de mi boca, traté de calmarla.

    Elizabet me pedía perdón todo lo que había hecho, yo le decía que entendía que fue bajo la presión que había actuado así, pero ella con mucho valor de su parte me confesó que apenas vio las armas pensó que lo mejor que le podía ocurrir era que la violasen, que siempre había tenido esa fantasía y ahora que sin querer se le había realizado se sentía mal por mí.

    Por que me vi obligado a ver todo lo que esos dos hombres le hacían y como ella lo disfrutaba enteramente.

    Yo para cambiar la conversación le dije que debíamos llamar a la policía y hacer la denuncia.

    Pero ella de manera molesta me dijo que no, que pensarían la policía si atrapasen a los pillos, y ellos le contasen la manera en que ella se movía, las cosas que decía y como se los mamaba.

    Pensarían que era una puta, sencillamente.

    Me propuso en lugar de eso que esperase a que ella se diera un baño, que luego seguiríamos discutiendo lo sucedido.

    Y sin decir más nada se fue a la ducha, cuando regresó se sentó a mi lado sin nada de ropa y me preguntó con cara de puta, en que nos quedamos, y acto seguido tomó mi verga y se la llevó a la boca.

    Desde ese día Elizabet y yo disfrutamos del sexo plenamente, es más hasta en varias ocasiones me ha propuesto que invitemos ha algún conocido mío, ha compartir nuestra cama con él.

    Cosa que hemos hecho ocasionalmente, y que tanto yo como ella disfrutamos bastante.

    ©1996/2013 Relatos.Name & Txema.Net