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  • Estaba en el zaguán de la casa con la espalda apoyada en el marco de la puerta interior, que se encontraba abierta. Mientras que Cándido, que no hacia en lo absoluto honor a su nombre, me hablaba de pié, desde el paso de la exterior, abierta también.

    Él era un mocetón de unos diecisiete años, bien formado, un tanto tosco, de carácter desenfadado, atrevido, pícaro; que venia persiguiendo mi presencia desde unas semanas atrás cuando, en las fiestas del pueblo estuvimos bailando.

    Las conversaciones, siempre rondaban los mismos temas. De forma indirecta, se aproximaban a aspectos sensuales: Me preguntaba por mis novios. Como me gustaban los chicos. Que es lo que más me atraía de ellos. O, me comentaba sobre sus andanzas con sus amigas, quien la gustaba y quien no. Quien era mas alegre y quien menos. En fin, casi siempre, había en la charla un cierto aroma sexual, que a mí me resultaba divertido y atrayente aunque tratase de disimularlo.

    Desde aquel baile, se dejaba caer a diario, a la hora de la siesta por la puerta de casa, tratando de verme. A lo que yo correspondía simulando estar de descanso, como costumbre, a la puerta de ella a esa misma hora. Lo que, como es lógico, ocasionaba el encuentro y la consabida charla, que como era natural, a mediada que aumentaban, aumentaba el tono intencionado de la conversación.

    En esta ocasión, me hablaba de una amiga con la que había salido, y de la que, según él había, conseguido unos atrevidos favores, refiriéndolos de manera inconcreta pero de dejando entrever un apasionado encuentro sexual. Seguramente con la intención de despertar algún tipo de celos, o competencia. Lo que en cierto modo conseguía.

    - Me parece que presumes más que haces- Le dije con la intención de pincharle.

    -Puedo demostrar cuando tu quieras, si hace falta, lo que puedo hacer – Me contesto un tanto picado y punzante a la vez. Pensé durante un instante si debería aceptar el desafío y lo que conllevaba.

    -¿Y como me lo vas a demostrar?- le dije aceptando el juego.

    -¿No me preguntaras eso a solas?, ¿Verdad?. -Me desafió intencionadamente.

    Aproveche para crear la situación que él pedía, al contestar: - A solas estamos, no hay nadie en la casa-.

    Tardo en reaccionar unos segundos. Quizás no esperaba una respuesta tan directa. Tras un pequeño titubeo, reacciono sonriendo pícaramente. Se adelanto un paso y sin dejar de mirarme con la puerta cogida, con las manos en la espalda, comenzó a cerrarla caminando hacia atrás y empujándola con su cuerpo.-Ah, vaya, ¿así, que me desafías?- dijo.

    Me limite a encogerme de hombros como gesto, dubitativo, de afirmación. Deseaba y temía lo que parecía avecinarse. Pues a pesar de la diferencia de edad, ( yo contaba con tres o cuatro años mas que él), su desparpajo, hasta cierto punto grosero, había despertado un interés morboso en mi. No lo veía, por supuesto, como una posible relación estable, más teniendo en cuenta nuestra distancia de formación, pero tenia un atractivo perverso que aún, no acierto a explicar.

    Coloco sus manos apoyadas en la pared, con la desenvoltura de un hombre maduro, de modo que mi cabeza quedaba entre sus brazos y sonriendo a la vez que me miraba, en voz baja, me preguntaba: -¿Verdad que me estas pinchando con toda la intención, y que quieres que te demuestre hasta donde decía la verdad?.-

    -No sé, es posible- Le respondí, manteniendo el hilo de la situación en la tensión precisa para que él siguiese con la iniciativa.

    Continuó, entonces hablándome en voz baja, ahora casi al oído tras acercar su cara al lado de la mía.-Ya veo que si, y estas consiguiendo lo que querías, pues me tienes realmente caliente, me estoy poniendo como un toro solo de solo con tus “asomos”- dijo, empezado a mostrar ese atrevimiento grosero que lo hacia tan atrayente- imagina como me pondrás si te toco- y a continuación aproximo mas sus labios a mi oído para darme un mordisquito de tanteo y retirarse un poco riendo.

    -Pues si que te “pones” tu rápido chico- traté de mantener la situación mientras no hacia ningún gesto de retirada que pudiese inhibirlo.

    -Es que estas muy buena. ¿Sabes?. Y no es para menos- Ahora, mientras hablaba, pasaba una mano por el costado de mi cintura jugueteando.

    Estaba sorprendida. Ya me había dado cuenta de su descaro, pero se estaba mostrando, a pesar de su edad con un aplomo de quien hubiese pasado por esta situación mil veces. Desde luego estaba segura de que algunas si, y de que no mentía demasiado en los comentarios que dieron origen a la situación.

    -Supongo que tanto como otras mujeres- conteste.

    -No, mejor, y si me dejas te voy a poner mas caliente que la olla de un cocido-

    -Jajajajajaja- reí no pudiendo contener la carcajada

    Eso le dio ánimos y aproximo, sus caderas moviéndolas de izquierda a derecha mientras me rozaba- Mira, como no te miento.

    Un color se me subía y otro se me bajaba, cuando sentí el roce de su paquete a través de la tela de la bata que llevaba, que me hizo sentir bulto duro entre los dos cuerpos. A la vez que una oleada de calor me invadía. –Vaya, Candi, ya veo que si es verdad que estas animadillo- acerté a balbucear mientras trataba de sentir su empuje.

    -Y yo veo que te gusta, chata. Esta inflado para ti. Puedes jugar con él a lo que quieras- Aumento él todo de su descaro.

    -¿A todo, a todo? – dije, entrando en su juego al poner mis manos sobre la pechera de su camisa.

    -A todo lo que te dé contento- aclaro, mientras, sin dejar de mirarme, comenzaba a desabrochar con una mano los botones inferiores de mi bata. – Y seguro que te lo puede dar. ¿Dime que quieres que te lo dé?-

    -Hombre, no sé, es posible- Comenté, tratando de animarle sin parecer demasiado predispuesta. No sé, con precisión, por qué, cuando estaba deseando.

    -Mira, quizás así te animes me- me decía mientras tomándome de una mano la llevaba hasta su paquete haciendo que la frotase por encima del pantalón.

    Noté su alargada y dura erección en la palma de la mano que él me sujetaba para que no retirase, mientras se había vuelto a aproximar a mi oído susurrándome, - Estas buenísima, y me tienes como el mástil de una bandera. Aprieta ahí y ponte tu también cachonda, para luego sentirla al desnudo, que te va a encantar-. Y aguanto mi mano hasta estar seguro de que no la retiraría. Para volver a la tarea, medio acabada, de desabrochar mi bata.

    Yo había cerrado ya los ojos concentrándome en sentir el roce de su falo, que abarcaba como mi mano apretando la ropa a su alrededor, dejando que el vello se me erizara entre las piernas y la humedad se fuese aproximando. Y el tras abrir mi bata y levantar mi sujetador, me pellizcaba suavemente los pezones endureciéndomelos como dos piezas de corcho. Después paso sus dedos por mi raja sobre las bragas buscándome el clítoris, rozándolo y entreteniéndose en él.

    Empezaba a sentirme excitada, el roce de sus dedos me encantaba. Las abrí más para que me rozase mejor. Lo que hacia con habilidad, sabia donde tocar, no era la primera vez, sin duda. Rozaba mi clítoris con ligera presión de una lado a otro y luego pasaba los dedos a lo largo de mi vulva, para volver a empezar. Y sus groserías aun me ponían más ardiente.

    -Tienes el chocho mas caliente que he visto. Ya veras como se agarra a mi polla cuando te la menta. ¿Por qué me vas a dejar verdad?-

    -Ya veremos. –Le di como respuesta.

    -Así me gusta, como una niña obediente- dijo. -Mira lo que te espera- añadió comenzando a aflojarse el cinturón tras retirarse ligeramente. Termino de desabrocharlo, se bajo la bragueta y a continuación introduciendo los pulgares por los costados del pantalón tiro del él, junto al slip, hacia abajo dejando aparecer, al enderezar el cuerpo, tras la leve inclinación, un erecto pene que me apuntaba, grueso y voluminoso. Se lo tomo con los dedos, tiro hacia a tras del prepucio y se descubrió el glande. –Todo para ti, enterito. -Y ahora, déjame ver tu coño, que voy hacer que te corras de gusto- continuo, mientras se acercaba y comenzaba a bajarme las bragas, que termino por sacarme, con las manos, por los pies quedándose de rodillas y acercando su boca a mi raja para comenzar a lamer, tras tirar de mis muslos hacia los lados haciendo sitio a su cara. A lo que le ayude separando mis caderas de la pared en la que solo apoyaba mis hombros.

    Su lengua me pasaba de un lado a otro del clítoris presionándolo, y a cada paso notaba como me el gusto me iba creciendo. Estaba empapada y tenia su cabeza entre mis manos, tratando de llevársela a la posición de la presión justa mientras le acariciaba el cabello, y sentía las descargas de su respiración sobre mi bello púbico.

    El placer que me proporcionaban sus insistentes lamidas me tenían encendida. Si se entretenía en acariciarme la entrada de la vagina me encantaba. Si me pasaba la lengua a lo largo de mi raja, me encantaba, y si se entretenía en acariciarme repetidamente el clítoris me encantaba. Todo lo que me hacia me gustaba. Después de un rato deseaba que me llevara al clímax.

    -Fóllame- Le pedí. –Follame, por favor.

    Se levanto despacio sin dejar de tomarme el chocho con la mano, que utilizo para separarme los labios mientras con la otra se sujetaba y apuntaba la polla buscando el sitio por donde entrar. En lo que se esforzó hasta que con mi ayuda logro embocar y comenzó a empujar haciéndome notar la entrada de su hermoso falo abriéndose sitio dentro de mí al desplazar las paredes de mi vagina en su avance, consiguiendo que casi me faltara la respiración. Me agarré a su camisa, cerrando los ojos y concentrándome en la sensación que los empujones de sus caderas transmitían en el roce de la punta de su inflado pijo en el fondo de mi orificio.

    Una tremenda sensación de gusto y placer me vino llegando obligándome a abrirme y a ayudarle acelerando en su aproximación, mientras gemía excitada por sus groserías que no dejaba de dedicarme.-Toma polla, puta, siéntela bien- de decía mientras envestía entre mis piernas- Toma, mas polla- Y volvía a empujar haciéndome sentir su entrada hasta el fondo.

    Entre gemidos y sollozos, me fui corriendo, apretándome a el en el deseo de diluirme en la sensación que invadía, hasta que el clímax paso por mí dejándome, tras un par de convulsiones, deseosa de devolverle lo que me había dado.

    -Ahora te toca a ti- Le dije. –Pídeme lo que quieras.

    -Estoy que no aguanto más, hazme una mamada, por favor, -me contestó.

    Tras cambiar la posición. El de espaldas a la pared, apoyado en ella, y yo con una rodilla en el suelo y la otra pierna semiflexionada, de modo que mi cabeza quedaba a la altura de sus caderas. Rodee su hermoso miembro con mis dedos, que notaron su dureza y sus formas abultadas. Deslice la piel hacia atrás descubriendo el glande, que apareció brillante y oscuro y se lo rodee con los labios deslizándolos sobre él con suavidad, de modo que me fuese entrando en la boca despacio y suavemente, apretando con ellos alrededor, de modo que sintiera su tacto. Repetí un movimiento suave de vaivén con la cabeza mientras con la otra mano acariciaba sus testículos que note duros y contraídos; con una respuesta inmediata. Aproximó mas sus caderas, me sujeto la cabeza y su polla de endureció aun más de lo que ya estaba. Le respondí con unos roces repetidos de mi lengua en el frenillo mientras apretaba aun más los labios. Siguió tensionándose, y reventó en repetidas, rítmicas, convulsiones dentro de mi boca derramando un placentero sabor salado en mi paladar, del que bebí con la satisfacción del placer que mostraban sus gestos y resoplidos.

    Me levante y nos abrazamos, siguiendo en una entrecortada conversación, que duro un largo rato.

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